jueves, 24 de julio de 2014

Héctor

Foto: Josef Koudelka
 
"Cada letra me cuesta una gota de sangre. Escribir una cuartilla completa me parece una empresa demencial. La lengua, que durante años fue un fiel servidor, se ha transformado en un laberinto envuelto en una niebla impenetrable. Un amo implacable que arranca de mí lo que quiere, me abochorna dejando al descubierto mis incongruencias, mi torpeza, mis deslices, mi desorientación.
 
Durante el día observo lo que tengo a mi alrededor. Observo sin ninguna voluntad de entablar relación con lo que veo ni afán por retenerlo. Como un nacido sordomudo y ciego, así en ese aislamiento, salvadas ciertas formas de cortesía, se disuelven los días. Durante la noche, apaciguados por el silencio y la oscuridad los estímulos, observo el pasado desplegarse dentro de mí.
 
El pasado es, en esencia, una construcción. Me preocupan las falsedades que haya podido ir acumulando en él. Aunque sé que todo intento de desconstrucción no sería sino un repliegue de la propia consciencia sobre sí misma.
 
Esto, supongo, es lo esencial. Pero insistentemente aparecen imágenes que difícilmente, por lo arbitrarias e inconexas, por su inutilidad en el relato, podrían formar parte del autoengaño. Por ejemplo, Héctor.
 
Héctor, un mastín que delataba su bastardía en la capa pinta y su nobleza en el doble espolón de sus patas traseras, no fue, desde luego, mi primer perro. Cuando llegó a casa era un cachorro y yo casi un adolescente. Me alcanzó enseguida, y durante unos años se podría decir que tuvimos la misma edad.
 
Por aquel entonces ya había pensado en la falsedad de lo vemos. De alguna forma intuitiva sabía que las imágenes no son la realidad, sino más bien la forma que damos a las ideas, nuestro particular retorcimiento de la realidad.
 
Las polillas sobre las que hacía su tesis doctoral J.Y., el terror que sentían cuando se extraviaban en un haz de luz. Las arañas que anidaban en el Callejón de los Frailes y surgían de entre las grietas al percibir nuestra presencia, maneando a modo de saludo sus patas como alambres. Los rabilargos, los galápagos, las lagartijas, las chicharras, los lironcillos, las ranas de San Juan, los golondrinos del patio de SA. Los pollos de plumaje gris azulado del corral de Alcollarín. La transmigración de los gusanos que escondía bajo la cama en crisálida, mariposa, de nuevo larvas y luego, pensaba mientras observaba en la oscuridad a través de los agujeros perforados de la caja de zapatos, en esta camiseta de pijama. Los innumerables rebaños de cabras y vacas que mi padre reponía cada año en pastos incapaces de alimentarlos. La larga agonía de la yegua torda que fue mi primera cabalgadura a la orilla del arroyo Lanchal. La murena que me tentó el muslo en un intento desesperado por ahuyentarme en el acantilado de Salina. La paloma que un marinero escocés soltó en medio de la tormenta de nieve sobre el mar del Norte para demostrarme que volvería, que volvía, que volvió.
 
Todo aquello me había puesto ya en estado de alerta.
 
Pero fue Héctor quien me brindó la prueba definitiva al mostrarme que la distancia que media entre la mirada inquisitiva del hombre y la mirada dispersa del perro era siempre la misma, se midiese desde un extremo o desde el otro.
 
¿Qué si no puede significar que esta noche haya soñado que moría, que rebuscaba en el bolsillo unas monedas con que ganarme al barquero elíseo, y que en la otra orilla me aguardaba, revestido de pan de oro como el Cristo de Monreale, Héctor con su mirada extraviada?"

domingo, 29 de junio de 2014

Hannibal ad portas

Los Alpes. La mejor forma de hacerse una idea de su forma y su estructura sería sobrevolarlos. Pero un vuelo ordinario no permitiría ver el macizo de un extremo a otro, ni siquiera en aeronaves que alcanzan una altitud de crucero elevada (unos 10.000 metros), y embarcar en un satélite de observación para divisarlos a 700 kilómetros de altitud no es una opción viable.
 
Muchas noches evoca esta imagen cuando el sueño le rehúye: un ave ficticia, una gallinácea prehistórica, alza el vuelo en el cuerno sudoccidental de la cadena, en la Saboya o el Delfinado, y sobrevuela a placer hasta el espolón oriental, que va a morir en los bosques de Viena y el Leopoldsberg y empalma con la cordillera de los Cárpatos. 
 
Lo que ve durante el trayecto hasta que el sueño le vence es una versión algo más cercana que la que muestran las imágenes satelitales de GeoEye y QuickBird:   
 
 
Allí arriba, la gallina colosal divaga, como dicen los nadadores de fondo que les sucede cuando el cuerpo ha automatizado el ritmo y la mente se libera de ataduras. 
 
En uno de esos vuelos nocturnos, al sobrevolar los Alpes occidentales justo por encima del triángulo que invaden Francia, Suiza e Italia, le sale al paso la Col de la Traversette o la Col du Clapier y recuerda la expedición de Aníbal. Divaga. Antes siquiera de perderse en razonamientos, mientras deja a la cola esas cimas y encara indolente las cumbres del Chablais, conoce la  conclusión. La conclusión que estaba en el principio mismo: en el juramento que Aníbal pronuncia ante su padre a los diez años.
 
Divaga mientras bate las alas por encima de Sión. Qué empujó a Aníbal hasta la batalla de Cannas, una victoria sobre Roma que llevaba en sí el germen de la derrota. Ahí está el Lemán, las aguas pardas del Arve cargadas de limo, las aguas esmeraldas del Ródano. El peso del mandato paterno. En el principio está el fin. Terminarás con lo que empezaste. Si acaso Aníbal se hubiera detenido a pensar que era el producto de una obsesión. Divaga cuando encara el glaciar del Ródano.

Si acaso hubiera tenido la lucidez de Pirro (una victoria más como ésta y volveré solo a casa). Divaga ante las nieves perpetuas del Eggfirn. El firn, la traicionera nieve de los inviernos pasados. Y si las cifras de Polibio fueran correctas (cifras que ante la claudicación de la conciencia ahora bailan), ¿qué paso utilizaron los 38.000 infantes, los 8.000 jinetes y los 38 elefantes? Un lobo con piel de cordero, apariencia de nieve y consistencia de hielo.
 
Divaga el ave mientras los párpados caen. ¿Y en qué desfiladero se perdió casi la mitad del ejército a manos de los alóbrogues? Los alóbrogues, los volcas, el cañón de la Combe de Queyras, los desprendimientos, el vinagre que disolvía las rocas. ¿Cuántos metros cúbicos de vinagre bullendo en la imaginación de Livio hacen falta para disolver doscientas toneladas de granito?  
 
El último pensamiento en resaca está unido al ejército mermado y exhausto, al fin en la última cima alpina, sobre la llanura del Po, y al poseído señalando a sus soldados la tierra prometida: “Aquello que veis allí es Italia”.


 

viernes, 23 de mayo de 2014

Cuando en lo alto

 
 
 
De las similitudes entre el Enûma Elish babilónico y el Génesis, la que más llama la atención es la visión del mundo como una burbuja suspendida entre dos masas de agua. Dice el poema oriental:
 
Cuando en lo alto el cielo no
había sido nombrado,
no había sido llamada con
un nombre abajo la tierra
firme
 
Así que todo era agua y oscuridad, como en los primeros versos del Génesis, hasta que Marduk venció a Tiamat y seccionó su cuerpo en dos mitades, dos caparazones con los que contuvo las aguas.
 
A veces, ese agua sostenida por la bóveda celeste o por la tierra firme para que las criaturas podamos sobrevivir se filtra, y es la lluvia o son los ríos.
 
A pesar de las semejanzas de las metáforas visuales, el mundo del Enûma Elish es radicalmente diferente al descrito en el Génesis.
 
Los dioses del EE, además de ser multitud, no son omnipotentes. El panteón babilónico está sujeto a las leyes del azar, y los poderes de unas divinidades contrarrestan los de otras, un tanto como entre los dioses griegos. Por debajo de los dioses están los hombres, creados con el fin exclusivo de hacerles más placentera la vida a aquéllos.
 
Pero sobre todo, en el mito de la creación del EE el mal forma parte consustancial de lo creado, está allí desde el principio como una materia más; el mundo es un espacio amoral en el que no tendría sentido que existiese un jardín y en el jardín una higuera y entre sus ramas la posibilidad de pensar como un dios.
 
¿Es posible que J el yahvista y E el elohísta fueran conscientes, cuando dictaron los primeros versos, de que estaban incendiando el continente con lo que para otros no era sino una caja de cerillas?

martes, 6 de mayo de 2014

Forget me not

Mihaly Zichy (1906)

"Mayo es mi mes favorito. Todo lo que ocurre estos días lleva la marca de su bendición.

Capítulo crianza. Han nacido cuatro pollos de los españolitos. Me divierto observando el carácter descarado de estos pájaros, mucho más pequeños y finos sin embargo que los timbrados. S. no entiende cómo soy capaz de distinguir, por su forma de piar, si se han quedado sin agua o si tal hembra anda hoy con el ánimo torcido. Le cuento la historia de la murena de Craso. Claudio Eliano, que vivió en Roma en tiempos de Septimio Severo, cuenta que Craso (tío del triunviro) tenía en su estanque una murena engalanada de collares de piedras preciosas, perfectamente domesticada. Acudía a su llamado y comía de su mano. Corría en la ciudad el rumor de que estaba perdiendo la cabeza, pues pasaba horas junto a ese pez feo, basto y agresivo que no volvía a escurrirse bajo el agua hasta que Craso no daba por terminado el monólogo. Si es posible mantener esa relación con una murena, qué no podrá ocurrir con un timbrado.

Capítulo familiar. Sueño con mi padre. Los encuentros son apacibles y me despierto sintiéndome afortunado de haber pasado un rato con él. A veces, el sentimiento de gratitud cede paso a la tristeza, pero me recupero. ¿Acaso no le he visto realmente? Normalmente echamos el sueño en el campo, o sentados en el porche hablando de política, cercas o potros mientras vemos caer la luz sobre la buitrera.

Capítulo trabajo: siempre se trata de lo mismo, una gran partida de ajedrez en la que desconoces la posición exacta de las piezas negras. Sabes que están en el tablero, invisibles en alguna cuadrícula tal vez cercana a tu rey. En ocasiones puedes deducir la diagonal precisa en que se encuentra un alfil de forma más o menos matemática, pero la mayoría de las veces se trata más bien de una especie de sortes virgilianae en que hubiéramos perdido los capítulos centrales de la Eneida. Cualquier otro trabajo me aburriría.

Capítulo escritura. Escribo poco, pero no tengo tentaciones de hacer una hoguera con ello al día siguiente. Releo a Danilo Kiš, Circo familiar, y me felicito de tener tan mala memoria y sorprenderme de su talento a cada página. Más: éstos son los conocidos versos de Longfellow de los que te hablaba ("Barcos que cruzan la noche, y al cruzarse entre sí se hablan"). Forman parte de Tales of a Wayside Inn, que L. escribió en un período de luto.  

Ships that pass in the night, and speak each other in passing,
Only a signal shown and a distant voice in the darkness;
So on the ocean of life we pass and speak one another,
Only a look and a voice, then darkness again and a silence.

Si además estuvieras mi felicidad sería completa.

Forget me not".

sábado, 26 de abril de 2014

Earthrise

Foto: Ansel Adams

Earthrise (Monólogo del astronauta)
 
Todos las mañanas me levanto a contemplar la salida de la Tierra. Así que esto era. Extrañado de ella, verla como es, fárrago de aire, agua y barro volando en círculos como un halcón sobre sí misma. Ensimismada.

Recorrerla de una sola vez entera a golpe del potente telescopio del recuerdo. Una leonada tarde de septiembre en la más humilde de las Eolias. La furia amarilla del calor ladrándonos en las horas insomnes de la siesta extremeña. Eran las lágrimas de Pablo en Montevideo por una culpa que no tenía. El resplandor cobalto de las nieves corriendo a derretirse a las orillas del Michigan. Bruselas: el tedio dominical de una infancia sin pantallas. Fuegos de artificio sobre la inmóvil escama del Pacífico. El bullicio del Tíber bajo nosotros un veinte de junio de mil novecientos ochenta y seis. Érase en Damasco un arma temblorosa nunca disparada. Noche en pasaje de tercera en un barco que cabalga a lomos del Tirreno. Un anciano y dos gallinas en una estación de autobuses de Madrid; el anciano llora. Un incendio de mástiles mientras dormíamos junto al cabo Ténaro. Son los cipreses que no dan sombra a la tumba del amigo en Jerusalén. Un iceberg a la deriva hacia las aguas del Trópico.

Esto era, mirarla despuntar a tantas brazas de profundidad y cada mañana encadenarme a este largo meridiano del amor y del dolor que me une a ella.

lunes, 21 de abril de 2014

Los niños Pliner (y 2)

 
Evald Mikson, en el centro de la fila inferior

20 de diciembre de 1941. Informe de la Prefectura de Tallin-Harju al jefe de la Policía Política, J. Pinka

Pliner, Jüri, casado con Sofie Pliner, ambos de raza judía. Sus tres hijos son David (n. 1934), Mirjam (n. 1927), Siima (n. 1934). Se desconoce el domicilio de los padres. Los niños viven ahora en la calle Nurme 39-7, distrito de Nõmme. Información: Elisabet Litzenko, Nurme 39-7, Nõmme.

Fdo: R. Pinka. Nõmme

29 de diciembre de 1941. Comunicación de Ervin Viks, jefe de la Policía Política de la Prefectura de Tallinn-Harju, al Hauptscharführer de las SS Dörsam, sobre las medidas a adoptar respecto a los niños Pliner.           

Mit u/Heutigen teilen wir Ihnen mit, dass 3 Kinder des Juden Pilner, Jüri (exekutiert) und seiner Ehefrau Sofie (Befinden unbekannt):

          David geb. 1934
          Siima   "  1934
          Mirjam  "  1927

gegenwärtig sich bei Elisabeth Litzenko, Nõmme, Nurme 39-7, befinden.

Wir bitten Sie um Ihre Stellungnahme in dieser Abgelegenheit.

Fdo.: E. Viks

30 de diciembre de 1941. Comunicación del jefe del Departamento de Información de la Policía Política (Prefectura de Tallin-Harju), Evald Mikson, a la inspección de policía de Nômme

Solicito aclaren la raza y religión de los sospechosos Taavet, Siima and Mirjam Pliner, así como la raza y religión de sus padres.

Fdo.: EM. Tallin

15 de enero de 1942. Respuesta del oficial A. Hane, del Departamento de Policía de Nõmme, a la anterior solicitud.
 
Al ayudante en jefe E. Ott.

Según información procedente de nuestros archivos, los hijos de Jüri Pliner, Taavet, Siima y Mirjam (no Miljan) son judíos de raza y judíos de fe. Sus padres son también judíos y de religión judía.  

Fdo.: A. Hane.

8 de marzo de 1942. Informe del oficial  L. Ranne sobre la familia Pliner

Jüri Pliner y su esposa Sophie son de raza judía, según consta en varios documentos del Ministerio de Interior.

Los niños son de su primer matrimonio, celebrado con fecha 31 de julio de 1923. Pliner se divorció el 31 de enero de 1941 y volvió a contraer matrimonio el 20 de agosto de 1941 con Elisabeth Letnikov, nacida en Polonia y de raza rusa.

Se verifica que los niños son judíos, pero Elisabeth Letnikov no. 

Fdo: L. Ranne

21 de marzo de 1942. Decisión del Sturmbahnführer de las SS Seyler, jefe del Departamento AIV de la Policía de Seguridad alemana en Estonia, sobre los niños Pliner

Die Kinder des Obengenannten mit Namen David, Siima und Mirjam sind zu exekutieren. 
Frau E. Letinkov ist unter Polizei-Aufsicht zu stellen.

Fdo.: Paul Seyler
 
***
 
Ni una sola de las personas que intervinieron en esta correspondencia, salvo tal vez el oficial Pinka en un campo de trabajo soviético, respondió por sus actos después de la guerra. La ruptura de relaciones con la Unión Soviética y un concepto pacato de la jurisdicción universal paralizaron la demanda de extradición de Ervin Viks, que envejecía plácidamente en Australia. La intervención de la justicia finlandesa llegó demasiado tarde para Evald Mikson, el ex cancerbero de la selección estonia, que se entretenía viendo prosperar a sus vástagos en las ligas de fútbol escocesa y alemana. Sandberger, el máximo responsable de todos ellos, fue condenado a muerte en 1948 y era un hombre libre en 1958.

It ain't over till the fat lady sings. Me aferré a esta creencia hasta que con los años descubrí que la dama cantaba para otra compañía y hacía ya tiempo que había entonado su última nota.

***

Los niños Pliner siguen enterrados en alguna parte del bosque de Männiku, seis kilómetros al sur de Tallin. Fuimos, y las únicas muescas de lo que pasó allí eran zonas acordonadas con las minas que fueron sembrando los alemanes, y a la vuelta nos bajamos a hachazos una botella de Vana Tallinn que mi estómago aún no ha digerido.


 

jueves, 17 de abril de 2014

Nota (De Atenas y Jerusalén)

 
De la tradición de estudiar el Libro desde todos los prismas concebibles, y del afán por desmenuzar generación tras generación cada una de las posibles interpretaciones, estas conversaciones de final imprevisible.
 
Todo empieza con un análisis aparentemente simple y literal. Abraham Ha-Ivri. Av, hamon, ivri: padre, multitud, el que cruza al otro lado. Sospecho, lo sospechamos todos, que quien lo escribió simplemente quería decir que para llegar de Ur Kasdim a Harán Abraham tuvo que cruzar el Éufrates. Pero qué habría sido de nosotros si no hubiéramos sido capaces de prescindir de los detalles de la geografía caldea para acabar en una discusión sobre el sentido metafórico del “otro lado”.
 
[Mientras A. y Ch. siguen desenmadejando el hebreo por un camino en el que me pierdo, recuerdo una conversación en que alguien preguntó a qué se debía la sobrerrepresentación judía en las humanidades y las ciencias. Resultó complicado explicar al suspicaz (en cuya cabeza revoloteaban oscuras potencias financieras y mediáticas) que en cualquier campo la superación del paradigma requiere grandes dosis de libertad interpretativa y de imaginación, y que el Talmud es una escuela insuperable donde hacer músculo].
 
Es Ch., el más entrenado en esa escuela, quien estira ivri hasta llegar al culto a la justicia entre los hebreos y los griegos, a las relaciones entre la doctrina social de los profetas y la constitución de los atenienses, al hilo que une a Isaías (“¿No es éste el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las coyundas del yugo, dejar ir libres a los oprimidos, y romper todo yugo?”) con Solón.
 
Se levanta, busca y lee:
 
“Podría testimoniar de esto en el tribunal del tiempo la gran madre de los dioses olímpicos, la excelente, la Tierra negra, de la cual antaño arranqué los mojones en muchas partes ahincados; ella, que antes era esclava y ahora es libre. A Atenas, nuestra patria fundada por los dioses, devolví muchos hombres que habían sido vendidos, ya justa, ya injustamente, y a otros que se habían exiliado por su apremiante pobreza... A otros, que aquí mismo sufrían humillante esclavitud, temblando ante el semblante de sus amos, les hice libres... []He dado una ley igual al hombre miserable y al pudiente”.

Más tarde se abriría el gran abismo entre la cultura judaica y la helénica. Pero hubo un tiempo en que los grandes líricos de Sión y los poetas trágicos griegos, los profetas judíos y los legisladores griegos, bebieron de una fuente común, se alzaron, frente al resto del mundo, en la otra orilla del Éufrates.